www.larazon.es
Vitoria- Halitosis, reiterado y habitual hedor corporal, falta de limpieza en ropas y aseo, hurgarse de manera «indecorosa» en los pies, oídos o nariz... Esa era la situación que tenían que sufrir los funcionarios del Juzgado de lo Social número 3 de Toledo cuando el magistrado titular, los requería en su despacho para realizar cualquier trabajo.
Pero no sólo eso, sino que, al parecer, los funcionarios también tenían que aguantar la costumbre que tenía el juez «de orinar en los lavabos del despacho con la puerta abierta, mientras continuaba dictando» su resolución. La situación llegó a tal extremo que alguna que otra funcionaria decidió colocarse un fular en la boca y nariz para apaciguar ese olor y una de ellas se vio obligada a salir del despacho para vomitar fuera, «debido a la repulsión que le produce ese ambiente y comportamiento» del juez. Algunos trabajadores se encuentran en tratamiento psiquiátrico.
Estas consideraciones constan en los «hechos acreditados» en la propuesta del instructor, a cuyo contenido íntegro ha tenido acceso el diario LA RAZÓN, en el expediente disciplinario abierto al citado magistrado. El instructor solicita que se le imponga una sanción de 5.000 euros por abuso de autoridad y desconsideración respecto del personal auxiliar, y otros 2.500 euros por multar de forma injustificada al secretario judicial.
El relato del instructor del expediente no tiene desperdicio en cuanto a la supuesta situación que se vivía en el juzgado. Así, nada más llegar el magistrado se dirigía con un «¡venga, a darle a la manivela!» al funcionario encargado de copiar el dictado de las sentencias. En un tono «autoritario, conminativo, altisonante y a gritos» daba órdenes como «¡vengaaaa!, ¡quitaaaa!, ¡cortaaaa!, ¡copiaaaa!, ¡negritaaa!».
Ese trabajo se realizaba en su despacho, con una separación mínima, unos 80 centímetros, entre el juez y el funcionario, por lo que éste se veía forzado a soportar «su halitosis y mal olor».
El trato también distaba mucho del que se puede considerar mínimamente correcto, «habiendo llegado a decir de manera despectiva a una funcionaria que se quejaba por la contaminación del ambiente del despacho por el humo del tabaco, que estaba gorda o que él también querría que le abanicase un negro». Y cuando una funcionaria asmática se quejaba por el frío producido por el aire acondicionado, le espetaba «que peor estaban los albañiles que tenían que picar».
Frases como «la ley soy yo», «se hace lo que digo» o «me tenéis hasta los cojones», al parecer, eran más que esporádicas. E incluso, una vez mandó a un funcionario, que se negó, a comprarle «una docena de huevos». El resumen del instructor sobre el trato que otorgaba a los funcionarios es elocuente: «Como si no fueran personas».
Editado. Al final ha sido sancionado con 7.500 euros por dos faltas graves de abuso de autoridad y desconsideración con los funcionarios y con el secretario judicial.
Humor. Cruz y raya
Dim lights Embed Embed this video on your site
Bajatelo gratis de: GetFirefox.com




